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El perfume, arte y comunicación

Septiembre 2019 | Tendencias | Compras | Mallorca

España es tierra de perfumistas, con grandes nombres y familias que coinciden en la Fundación Academia del Perfume. Conversamos con el maestro, creador de sus propias fragancias en absoluta libertad.
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  • Tienda Monegal. Barcelona
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  • Bravo. Spanish Collection | © Ramon Monegal
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Perfumarse fue un ritual para egipcios, mesopotámicos y griegos, que utilizaron flores, plantas aromáticas y resinas destinadas a rendir culto al cuerpo y a los dioses. Los romanos propagaron la costumbre, mientras que los árabes aportaron nuevas esencias que también recalaron en la Península Ibérica. Pero fue durante la Edad Media cuando los Cruzados trajeron de Oriente las primeras técnicas de perfumería. A principios del XVIII, Jean-Antoine Farina lanzó la primera eau de Cologne, (en Colonia, Alemania), hito que marcó el nacimiento de la perfumería moderna.

Francia e Italia son los grandes países europeos vinculados a la perfumería, pero España les sigue a la zaga. Así lo explican los datos de Stanpa, la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética. España es el quinto mercado europeo de productos de perfumería y cosmética, con un consumo per cápita por encima de la media europea. Es el segundo exportador mundial de perfumes, por detrás de Francia y por delante de Alemania y Estados Unidos. Y también exporta esencias de aromas cítricos fundamentales en perfumería, como el pomelo, el limón o la naranja.

En 2017 se creó la Fundación Academia del Perfume, vinculada a Stanpa, dedicada a difundir el conocimiento del universo de las fragancias desde una perspectiva cultural. Es el máximo exponente de una actividad a caballo entre la artesanía y la industria con una innegable dimensión social y económica. Es la única institución europea de su género con académicos, profesionales cuya trayectoria y pasión los ha llevado a ocupar un sillón distintivo en la Academia. Es el caso de Carlos Benaim (Sillón Poleo), Elisabeth Vidal (Sillón Bergamota) o Rodrigo Flores-Roux (Sillón Incienso), entre muchos otros nombres vinculados a prestigiosas creaciones y marcas. 


La imagen olfativa

Conversamos con el maestro perfumista Ramon Monegal, que ocupa el Sillón Iris de Florencia en la ADP. Es el creador del concepto imagen olfativa, “aquella que desprendemos pero que nuestro olfato es incapaz de percibir, por lo que la construimos con el perfume”. Porque un perfume, ante todo, comunica, “nos anuncia y habla de nosotros cuando no estamos”. 

Está convencido de que el perfume no es solo una cuestión de estética: “La moda ha intentado convertirlo en un accesorio, y eso es una gran aberración. Es una tradición secular que nos identifica. Y tienes que conocer los valores de los ingredientes que lo componen para saber qué estás comunicando”. Mejor con un ejemplo: “Una flor huele para seducir insectos que la polinicen. Por eso, cuando yo pongo una flor en un perfume lo hago por la misma razón. Un perfume floral es un perfume de seducción. Y no de mujer, otra de las aberraciones de la moda. El olor no tiene género”.

Las flores seducen, las maderas dan seguridad, y las raíces, equilibrio. Los valores de los ingredientes son su aportación al perfume, y en base a ellos Monegal construye la imagen olfativa de una fragancia. Algo que parece sencillo pero que muy pocos saben hacer. “No existe una educación en este sentido. Reconocemos a nuestra madre por el olfato, pero la sociedad nos enseña a asociar el olor con la comida”. 

Aunque se formó como arquitecto, con los años se decantó por el negocio familiar de perfumería, el grupo Myrurgia, que en el año 2000 fue absorbido por Puig. “Mi maestro, el perfumista Artur Jordi Pey, me convenció de que podía ser tan creativo haciendo perfumes como levantando edificios. Pero construyo los perfumes de manera arquitectónica”. Como él, la mayoría de perfumistas se han formado en el seno de familias dedicadas al sector, como ocurre con el vino o el aceite de oliva. Rompiendo los tópicos, sostiene que para ser buen perfumista no es indispensable tener una buena nariz. “Lo que hay que tener es imaginación, porque nosotros inventamos olores y es preciso imaginarlos. Luego existe una cuestión de proporciones y buen gusto, que es educacional. La parte técnica se aprende, y la memoria olfativa, se adquiere”. 

Para los humanos resulta fundamental asociar un olor a una imagen. Monegal ha trabajado con neurólogos para enseñar a pacientes el valor de determinados olores y utilizar sus propiedades. “El olor no me puede curar, pero si asocio un olor a una sensación o a una emoción y soy consciente de lo que significa, mi mente se pone a trabajar. Un olor puede ayudar a calmar la ansiedad.” 

También ha colaborado con chefs, pasteleros y chocolateros, ya que existe una gran relación entre perfume y gastronomía. “Un día pregunté a mi maestro cómo distinguir un buen perfume de uno malo, y me contestó: ‘Un buen perfume se puede comer’. Con el tiempo lo he comprendido, los perfumes bien equilibrados, con apariencia más natural, se pueden comer. Y yo los he mezclado con chocolate, pasteles y cócteles y me los he comido”.

Ha sido educado como perfumista de laboratorio, en espacios asépticos con muchos frascos, pero con el tiempo se ha convertido en naturalista, “lo cual no significa que trabaje solo con olores naturales, pero mi referente es la naturaleza”. Es más, ha salido del laboratorio para atender a los clientes en su tienda-taller de Barcelona, convencido de que “la industria lleva más de un siglo gastando miles de millones en publicidad, pero hoy los clientes saben mucho menos que antes”. 

En su espacio atiende a personas que desean regalar un perfume, algo que considera muy complejo, a quienes recomienda “tener clara la imagen visual de la persona, cómo viste, se peina y se pinta. Es algo parecido a escoger un vino para un menú concreto”. También comprueba que a la mayoría le gustaría tener un perfume personalizado, una quimera que en el futuro será realidad. Él ya ha dado los primeros pasos: “A quien lo solicita le explico los valores de los ingredientes para que sepa cuáles quiere comunicar, los propios o los que no tiene, asociándolos a una imagen visual”. Y enseña cómo tunear un perfume para adaptarlo a cada nueva imagen personal, modernizándolo con nuevas esencias o mezclando vaporizaciones. 

Defiende el trabajo educativo de la Academia del Perfume, porque “yo nunca conseguiré que una obra se aprecie si no se ha educado a todos los agentes que hay entre el cliente y yo”. Confiesa atravesar un momento dulce, y se asocia con los artistas: “Porque el perfume se eleva a arte si se crea con la libertad total de la mente, con fórmulas de ingredientes y proporciones no condicionadas por costes o filtros comerciales, recuperando su origen artesano”. Y a ello se entrega Ramon Monegal. 


Catas y experiencias olfativas
La Academia del Perfume ofrece una gran variedad de talleres, conferencias y experiencias olfativas dirigidos a diferentes públicos para adentrarse en el mundo de las fragancias con experiencias olfativas. Así, para la industria del perfume diseña talleres de formación para equipos de marketing, comunicación o ventas. Para equipos de cualquier sector, imparte talleres experienciales que fomentan la comunicación y trabajo de equipo en torno la creación del perfume. Y para grupos de particulares organiza talleres y catas para acercarse al conocimiento, historia, técnicas y familias olfativas del perfume.
academiadelperfume.com


Ramon Monegal
Ramón Monegal (Barcelona, 1951) pertenece a la cuarta generación de los fundadores de la casa Myrurgia. Su formación comenzó en el negocio familiar, continuó con Artur Jordi Pey (Firmenich), Marcel Carles (Roure Bertrand y Argeville) y Pierre Bourdon (Takasago y Fragrance Resources). Creó su primera fragancia en 1979, encargándose de la dirección creativa artística y perfumística de Myrurgia, posteriormente colaborando con Puig. En 2007 se independizó de la industria para crear su colección e inaugurar su propio espacio en Barcelona. 

Tras 40 años de oficio, convertido en maestro perfumista y auténtico “nez”, su reto es llegar a la excelencia y transferir sus conocimientos a la quinta generación.

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