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Deconstruyendo Mallorca

Noviembre 2017 | Lugares | Mallorca

Un editor, un galerista, una diseñadora, un arquitecto y un panadero conversan sobre los encantos y los retos de Mallorca como destino turístico en un mundo global.
Lleonard Muntaner, Pep Pinya, Isabel Guarch, Arturo Vila & Tomeu Arbona | © Ricard Peitx
Arturo Vila, arquitecto, socio fundador de 3de3 Arquitectos | © Ricard Peitx
Isabel Guarch, diseñadora de joyas | © Ricard Peitx
Lleonard Muntaner, editor | © Ricard Peitx
Tomeu Arbona, maestro panadero y repostero del Fornet de la Soca | © Ricard Peitx
Pep Pinya, propietario de la galería Centre Cultural Contemporani Pelaires | © Ricard Peitx
Lleonard Muntaner, Tomeu Arbona, Arturo Vila, Isabel Guarch, Pep Pinya & Paula Serra | © Ricard Peitx
El carácter mallorquín
La gastronomía de Mallorca

Entrevista | Marga Font
Fotos | Ricard Peitx


Los tertulianos son personas enamoradas de su isla, y su apego al territorio, el patrimonio, la gastronomía y la cultura impregnará toda la conversación. También flota en el aire un saludable sentido crítico, el deseo de proteger lo propio, las raíces, la identidad, y de que Mallorca se convierta en un destino atractivo por su oferta cultural. “Porque —apunta Lleonard Muntaner—, tenemos un patrimonio artístico, arquitectónico y documental inmenso, producto de siglos de acumulación, pero no lo vendemos porque nunca está el político que toca en el lugar que toca”. Apoya la idea Pep Pinya: “Necesitamos el turismo cultural. La cultura vale dinero, pero hay que pensar en lo que devuelve”.

¿Qué hace a Mallorca distinta de cualquier otro lugar del mundo? Para el galerista es “nuestro ritmo de vida, diferente al de cualquier otro lugar. También son importantes la seguridad ciudadana y los excelentes servicios de sanidad. Y que una gota del mar de Baleares no se puede comparar con nada en el mundo”. Arturo Vila considera que la diferencia es fruto de una suma de factores: “Estamos en el centro del Mediterráneo, en la cuna de la civilización, a solo dos horas de avión de Europa. Tenemos equilibrio político y social. Nuestro paisaje es un paraíso, con montaña, playa y llano, y las distancias son asumibles”. Añade que “Mallorca está espléndida, recorrer el centro histórico de Palma es un privilegio. Hay una consciencia de recuperar patrimonio, algo fundamental para cualquier pueblo o ciudad”.

Todavía quedan rincones de la isla por descubrir “incluso para los mallorquines”, dice Tomeu Arbona, para quien “las carreteras y caminos del Pla son un territorio que conserva la esencia, las raíces, lo cotidiano, con doble interés para gente con inquietudes”. Enamorado de la Serra de Tramuntana, sugiere caminar para alcanzar lugares preservados, como “ir de Valldemossa hasta la ermita de la Trinitat, donde está la mejor miranda sobre el mar, un lugar que emociona con la mejor puesta de sol del mundo”, o “de Fornalutx a Biniaraix, un paisaje surcado de canales árabes, y tomar un zumo de naranja en un bar donde parece que no ocurre nada pero pasa de todo. Son lugares con una identidad brutal”.

Muntaner recomienda “ir de Andratx a Pollença por la carretera de la Serra de Tramuntana”, mientras Pinya invita a descubrir, en la Costa Nord, rincones como Valldemossa, Sóller y cabo de Formentor. Para el galerista, “Deià es una maravilla, pero no solo porque allí viven escritores, pintores, músicos y artistas, sino porque el paisaje es impresionante, con establecimientos como La Residencia, un lugar exquisito, el tipo de sorpresas inesperadas que brinda Mallorca”. Vila coincide plenamente: “En Deià es un placer pasear hacia el cementerio y luego cenar en algún restaurante, siempre con la enorme influencia de la montaña”.

Además, aconseja contemplar arquitecturas destacadas como el Hotel de Mar de Illetes, el edificio de Moneo de la Fundació Miró, la casa Feliz de John Utzon en Es Carritxó o la intervención de Elías Torres en Ses Voltes. Pinya añade el valor de lo propio: “Hay que visitar las possessions, las grandes fincas mallorquinas”, y al respecto Isabel Guarch recomienda “ir a la finca de Raixa, que permite acceder al espacio privado de una possessió. Y pasear por el pueblo de Capdepera, con un centro histórico medieval”.

“Y todavía no hemos hablado del patrimonio inmaterial, muy importante —comenta Muntaner—, como ir a la catedral en Nochebuena para escuchar el canto de la Sibila. O asistir a fiestas populares como Es Cavallets, Ses Àguiles o Sant Antoni en Manacor o Sa Pobla, un verdadero espectáculo”. Anima a “alquilar un llaüt —embarcación tradicional de vela latina— para contemplar paisajes inaccesibles desde tierra”.

¿Existe un sabor o un aroma que sintetice la esencia de Mallorca? Para Guarch es, sin duda, “la gamba roja mallorquina, no hay ninguna mejor”. Tomeu Arbona defiende que “no hay aroma comparable al del mes de abril en Sóller, con todo lo que enriquece los sentidos: el olor de los naranjos en flor, la luz… Es la plenitud absoluta”. Pero existe otro que le remite directamente a la infancia: “El del fermento de la masa, que me conecta con las raíces de mis raíces. Y en Binissalem, cada Jueves Santo, me encanta el aroma que sale de las casas cuando se cuecen las panades de Pascua”.

Sostiene Pep Pinya que “el aroma de la ensaimada es el de Mallorca, único en el mundo”, y también le gustan las panades, “aunque pocos hornos las elaboran comme il faut, pero la tradición, la lucha entre panadas dulces y saladas, las familias reunidas para prepararlas… Esto es muy nuestro, muy mallorquín, maravilloso”. Muntaner suma otro efluvio que genera consenso: “El del alga y la sal del mar”.

Mallorca brinda postales únicas a lo largo de todo el año, como la floración de almendros a principios de febrero. El galerista defiende dos imágenes: “Las sorprendentes calmas de enero, con el mar llano y el cielo claro. Y marzo, cuando Mallorca se vuelve verde poco a poco y se llena de florecillas”. Arturo Vila se queda con “el agua del mar del Cap de Ses Salines y del sur de Mallorca en general, incomparable”, una imagen en la que redunda Pinya: “A mis amigos les digo que hasta que no hayan nadado en el agua del Cap de Ses Salines no sabrán lo que es el mar. Y no es una exageración”. Lo dice después de haber viajado por todo el mundo.

También aflora el orgullo de pertenencia, como el de Muntaner: “Mallorca ha sido históricamente el centro del Mediterráneo Occidental, el lugar donde se han encontrado culturas de Oriente y Occidente. Hay una encrucijada de culturas que se contempla en la arquitectura, en el patrimonio artístico, cultural e inmaterial. Ha sido el ombligo del mundo y lo seguirá siendo”. Guarch sueña “con turismo de calidad, el que la isla se merece”, observación que Pinya apoya tajante: “Mallorca debe acabar con el ‘todo incluido”’, y parafrasea las palabras de la escritora Gertrude Stein: “Si puedes soportar la belleza de Mallorca, ven a pasar aquí tus vacaciones”.

Y hay deseos de mejora. El de Tomeu Arbona “es que el visitante pueda hacer una buena interpretación de nuestro paisaje. Apostar por la cultura con letras mayúsculas, porque no tiene interés que seamos igual que cualquier otro lugar”. Vila apoya la observación, porque “existe una idea de Mallorca muy distinta a la realidad. Es preciso descubrir la otra isla, la no turística, la real, la que vale la pena conocer”.

La tertulia se adentra en los territorios de la inspiración, porque “aquí todo inspira, y hay que recuperar lo propio. Yo intento recuperar el gran mundo de la joyería mallorquina”, explica Isabel. Pep Pinya considera que la geografía de la isla resulta ideal para el cine: “Es un lugar naturalmente hecho para rodar películas, los directores que vienen aquí se van encantados, por su luz, por la forma de ser”. La luz de Mallorca, también coinciden todos, es especial, y no les sorprende que desde hace décadas atraiga a artistas de todos los puntos cardinales. Lo ilustra Vila con una imagen evocadora: “La luz y el cielo de septiembre no son comparables a ningún otro lugar del mundo”.

Termina la charla con un elogio al archiduque Luis Salvador de Austria, que pasó varias temporadas en la isla y —en palabras del arquitecto— “construyó las mejores casas de la Serra de Tramuntana, mejoró Mallorca siguiendo la tipología constructiva local. Solo S’Estaca es distinta, porque aquí no había casas junto al mar, y buscó modelos en otras islas mediterráneas parecidas, en este caso, Lípari”. Para Tomeu “él fue el iniciador del fomento del turismo, vendiendo la esencia absoluta de la Mallorca real, nuestro auténtico valor”.


El modelo turístico
El modelo turístico de Mallorca acapara el arranque de la conversación, con inquietud porque, como apunta Pep Pinya, “la isla puede morir de éxito. Hay que bajar el número de visitantes y subir la calidad”. Algo que para Isabel Guarch “empieza a ocurrir pero no de forma organizada. Los empresarios vemos que podemos subir los precios porque ofrecemos algo de mucha calidad, pero no hay coordinación”. Tomeu Arbona está convencido de que “debemos tender hacia un turismo cultural y sostenible”. Y hay consenso en que falta planificación, como resume Lleonard Muntaner: “Necesitamos una política estable que no cambie cada cuatro años. Es un trabajo a largo plazo”.


El carácter mallorquín
“Epatar a un mallorquín es muy difícil. ¿Estáis de acuerdo?”. Los tertulianos asienten a la observación de Pinya, y Muntaner apunta una causa: “Somos una isla invadida desde el siglo II aC y hemos debido defendernos adaptándonos a unos y otros. Aquí los amores y los odios son muy intensos, la individualidad está por encima de cualquier cosa, hay gente emprendedora porque forma parte de nuestro carácter”. Arturo Vila considera que los mallorquines “hemos sabido ser muy discretos y mantener las riendas de nuestro carácter”, idea apoyada por Isabel Guarch: “No somos hospitalarios, nos cuesta abrir las puertas, pero dejamos hacer y eso es una ventaja”. 

La gastronomía
Todos coinciden en que Mallorca atraviesa un gran momento gastronómico, con cocineros jóvenes que dan impulso a la cocina local. Pero, para Tomeu Arbona, “desde los años 60 nos hemos adaptado a lo que creíamos que era el gusto del visitante. Hay que introducir la calidad, recuperar el patrimonio inmaterial de los recetarios antiguos, la cocina que habla de nosotros”. Hay consenso a la hora de recomendar restaurantes que reinterpretan la cocina mallorquina, como Ca na Toneta, Santi Taura, Can Calent, Can na Mirona y algunos hoteles-boutique como Can Alomar. Y otra opinión unánime: el pan tradicional mallorquín, sin sal, es espectacular.  


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