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¿Ya conocías a...?

Lucas Vidal: Imparable

Febrero 2014 | ¿Ya conocías a...? | Barcelona - Madrid

Fue el estudiante más joven del Berklee College en componer y grabar una banda sonora con 80 músicos, tiene 29 películas en su haber, ha sido nominado Revelación del Año en los World Soundtrack Awards... ¡y no ha cumplido 30 años!
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Agobiada por el peso de la culpa, Marion Crane decide darse una ducha. Un par de minutos después, una figura descorre la cortina y la emprende a puñaladas contra la rubia, mientras el espectador oye el sonido de violines y violas que… ¿chirrían?

Una de las escenas más famosas del cine no habría sido la misma sin ese tema musical, The Murder, de Bernard  Herrmann, que Hitchcock se resistió a usar hasta el final. Hoy, sólo escuchar sus primeros acordes hace que cualquiera anticipe una sensación de terror. Lo mismo pasa con otras escenas míticas del cine. ¿Quién no ha tarareado alguna vez el tema de Tiburón estando en la playa? ¿O el de Star Wars al empuñar un sable de juguete? ¿Quién no ha querido que su bicicleta despegara del suelo con el tema de E.T. sonando?

Quién sabe si fueron estas películas las que hicieron que el joven Lucas Vidal se decantara por la música para cine cuando decidió escoger carrera. Parte de su afición le venía de familia; su abuelo fue el fundador de Hispavox, compañía discográfica de gran proyección que durante 30 años produjo los álbumes de los artistas españoles más famosos.

Lucas estudiaba piano desde los 3 años y le gustaba tanto que, cuando se portaba mal, como castigo, le prohibían tocarlo. No es que fuera un trasto, pero tampoco era el mejor alumno de la clase. Por suerte, a los 15 años, sus padres decidieron enviarlo a un curso de verano en el Berklee College of Music, en Boston. Ese curso cambió su vida y tiempo después obtuvo una beca en el mismo centro.

Una vez concluidos sus estudios en Berklee, logró entrar en la Juilliard School de Nueva York (y decimos logró, porque se trata de la institución de educación superior con la tasa de admisión más baja de Estados Unidos, por delante de las universidades de Yale y Harvard).

Tras graduarse, fundó en Nueva York Mumo Productions junto a su excompañero de Berklee, Steve Dzialowski, y poco después decidieron trasladarse a Los Ángeles para estar más cerca de la industria cinematográfica.

A día de hoy y con sólo 29 años, Lucas Vidal ha compuesto música para 29 filmes -cortos, documentales y largometrajes-, entre los que destacan Mientras Duermes (de Jaume Balagueró), The Raven (con John Cusack), The Cold Light of Day (con Sigourney Weaver y Bruce Willis), y, más recientemente, Fast and Furious 6. Por la música de estas tres últimas películas fue nominado al premio Revelación del Año por el jurado de los World Soundtrack Awards.

Con la agenda tan llena, haciendo unas cuatro películas al año, más música para publicidad, ballets, etc., y viviendo a caballo entre Madrid y Los Ángeles, parecía difícil conseguir una entrevista con Lucas. Sin embargo, no fue así; un par de emails y teníamos su móvil y una cita telefónica.

B.S. En tu perfil de whatsapp estás con el flequillo revuelto y barba de dos días abrazado a tu skate. ¿Qué dicen los músicos a los que diriges cuando te ven por primera vez?
L.V. Al principio puede que les choque, no sólo a los músicos, sino también a los ejecutivos de las productoras, pero cuando ven que sé del tema, todo se suaviza. Al final lo que manda es el trabajo que hagas y que te vayan conociendo. Eso sí, hay que tocar muchas puertas. Antes del primer “sí”, recibí muchos “¡no!”.

B.S. ¿Cómo se selecciona al músico de una película? Hay alguna especie de casting? Se mandan maquetas?
L.V. Para eso es muy importante el agente, porque me avisa de proyectos y yo me presento; también me van llamando productores que ya me conocen; pero a veces sí que tengo que hacer pruebas. Por ejemplo, me dan una escena y tengo que componer algo para ella, a ver qué les parece. Como dije antes, hay que tocar muchas puertas.

B.S. ¿Cómo es el proceso de creación de la música para una película? ¿Es anterior, simultáneo o posterior al rodaje?
L.V. Depende de en qué momento entre yo. Si es en preproducción leo el guión, hablo con el director y hago una primera prueba; posteriormente, conforme van rodando, me van pasando escenas y voy probando ideas. Cuando la película está lista, veo con el director escena por escena, dónde va música y dónde no. También es importante trabajar con el responsable de sonido, que es quien mezcla luego los efectos con la música.

B.S. Has hecho música para películas de suspense y de acción, ¿para cuándo una comedia, un drama o una de animación?
L.V. Es verdad que es lo que más he hecho hasta ahora, pero estoy en un punto en que comienzo a hacer otras cosas. Los próximos proyectos son decisivos, pero no puedo hablar de ellos. ¡Ya estoy de cuchillos y de matar…! ¡Quiero una historia con final feliz! (ríe). Por otro lado, me gusta mucho la animación y me encantaría acer algo para Disney.

B.S. Quien haya leído alguna de tus entrevistas sabe que tus compositores para cine favoritos son Alexandre Desplat (El Curioso Caso de Benjamin Button, El Discurso del Rey, Harry Potter y las Reliquias de la Muerte), John Williams (Star Wars, Indiana Jones, La Lista de Schindler), Ennio Morricone (Cinema Paradiso, La Misión, El Juego de Ripley) y Alberto Iglesias (El Jardinero Fiel, Volver, Cometas en el Cielo), pero… ¿y directores? ¿Con quién te gustaría trabajar?
L.V. Sin duda, con Terrence Malick, Lars Von Trier, Joe Wright y Alejandro Amenábar, porque los cuatro tienen una sensibilidad especial, en mi opinión. Me gusta cómo llevan el ritmo de sus películas, en las que todo tiene un mismo discurso estético. (Le señalamos que Amenábar suele componer sus propias bandas sonoras, pero nos recuerda que para Ágora recurrió a Darío Marianelli).

B.S. Aparte de la brecha presupuestaria, ¿qué diferencias hay entre trabajar en España y en Estados Unidos?
L.V. Para empezar, aquí tengo más tiempo, lo que me permite chequear muchas cosas. Además, me dan la película prácticamente lista, con lo que el director ya tiene muy claro qué quiere y dónde lo quiere. Allí en cambio, la película no suele estar acabada hasta el último momento, y cuando ya tienes música para una escena, resulta que cambia la edición. Por eso, en las producciones de Hollywood trabajo con un equipo de 15 a 20 personas entre orquestadores, editores, copistas, ingenieros, asistente… Aquí trabajo más artesanalmente, con dos o tres personas, y más directamente con el director; allí hay más filtros y muchas opiniones a tener en cuenta.

B.S. En la película de tu vida también ha habido obstáculos que superar. Con 20 años tuviste que volver de Boston a Madrid para ser tratado de un cáncer que te habían diagnosticado. Eso, al parecer, supuso un punto de inflexión para ti.
L.V. Evidentemente. Durante el tratamiento, en un momento en el que aún no conocía a nadie de la industria, me proyectaba en el futuro haciendo música para cine, me veía haciéndolo. Me dije: tengo una sola vida y voy a luchar por lo que de verdad quiero hacer. A mí me funcionó y cuando doy seminarios o charlas a estudiantes, siempre les animo a enfocarse en una meta y proyectarse; si lo haces, acabas consiguiéndolo.

B.S. La pregunta frívola, ¿cómo te mueves en el mundo de los estrenos y la alfombra roja?
L.V. Al final, los artistas son gente muy normal y divertida. Te encuentras con personas con mucho talento, y yo, además de director y actores, trato de conectar con todos los miembros del equipo, directores de fotografía, diseñadores de vestuario, peluqueros… me gusta empaparme de lo que hacen los demás, porque nutre mi trabajo.

Antes de despedirnos nos hace una petición: “Si se me ha escapado algún taco, no lo pondréis, ¿verdad?”. Parece querer decir: “que esto lo leen mis padres”, pero no nos confundamos, el chaval del flequillo revuelto y el skate es el hombre que se pone delante de una orquesta y que negocia de tú a tú con los ejecutivos de la meca del cine. Y viene pisando fuerte.—
 

Entrevista por: Mercedes Arconada

 

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