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Isabel Coixet: "Somos criaturas muy frágiles, cualquier cosa puede matarte en una fracción de segundo”

Julio 2013 | ¿Ya conocías a...? | Barcelona - Madrid

Comenzó su carrera en el periodismo y la publicidad y llegó a ser una reputadísima directora creativa. Hoy, con varios largometrajes en su currículum, es una de las cineastas más internacionales de nuestro país.
  • La directora catalana nos concede una entrevista exclusiva
B.S. Soledad, abandono, muerte... ¿El que recurra siempre a estos temas es voluntario o es el proceso creativo el que le transporta a ellos como por inercia?
I.C. No es nada voluntario. Cuando me pongo a escribir, esto es lo que me sale. Y, de hecho, estos son los grandes temas del teatro, de la literatura y del arte. Si observamos la obra de Lucien Freud, ¿qué hay más allá de esto? Éstos
son temas universales y, de hecho, no hay muchos más: se pueden hacer en tono de comedia, pero no me ha dado por ahí.
B.S. ¿No le parece que los personajes están sometidos siempre a un destino trágico?
I.C. Todos podemos terminar mal. Es decir, somos criaturas muy frágiles, cualquier cosa puede matarte en una fracción de segundo. Es la fragilidad la que hace que nuestra vida sea una tragedia. Todos los hombres tenemos un
destino trágico, una fecha de caducidad, pero, mientras tanto, podemos no ser tan trágicos. Y creo que mis películas, en realidad, son muy optimistas: siempre hay alguna esperanza de que la gente se regenere o encuentre una cierta
redención.
B.S.¿Rodará alguna película en Barcelona?
I.C. Esta idea parte de una concepción muy equivocada de lo que es un cineasta, que de ninguna manera es un embajador de su ciudad. No es lo que la gente se supone: un cineasta es lo que es y su paisaje es su paisaje. ¿Haré una película en Barcelona? Pues a lo mejor. Sería práctico, pero no me parece nada determinante.
B.S. ¿A qué suena Barcelona?
I.C. Barcelona suena a motos mal preparadas. Hay un ruido impresionante... Tokio, con casi trece millones de habitantes, tiene unos niveles de decibelios mucho más bajos que Barcelona. Allí las motos están muy controladas, la gente habla un poco más bajo, los obreros en las obras tienen cuidado de no hacer excesivo ruido. La gente también
se emborracha en Tokio, pero grita menos. 
B.S.¿Un lugar especial para el sentido de la vista?
I.C. Creo que la vista y la luz tienen que ver con el momento del día. Me gustan los días de después de la lluvia, como, por ejemplo, en octubre, cuando se queda un cielo con contrastes y el aire es realmente transparente. Y contemplar
Barcelona, uno de esos días, desde uno de los miradores de Collserola, en los jardines de Santa Amèlia, en la plaza de Sant Felip Neri, en los barrios de Santa Caterina y de Sant Pere.
B.S. ¿Y para el sentido del gusto?
I.C. Me gusta mucho el restaurante Cinc Sentits, tanto su estilo como la manera en que lo conducen Jordi y Amèlia Artal: es un restaurante de alta cocina, pero de trato muy familiar. Y me encanta especialmente el chupito Cinc Sentits. También me gustan mucho el Inopia y sus berberechos; el Tapaç 24 y su ensaladilla; el Specchio Màgico, donde la pasta es realmente buenísima; el Toc; el suflé de limón del restaurante Igeldo; y el ambiente de restaurante italiano
tradicional del Xemei.
B.S. ¿Algún restaurante japonés?
I.C. El Nomo, al que voy mucho, ya que me encanta cómo lo hacen, sin ser un japonés sofisticado; el Shunka y el nuevo local del Shunka (Koy Shunka). El sashimi de toro de este último es buenísimo.
B.S. ¿A qué huele Barcelona?
I.C. Una cosa mala: Barcelona tiene el peor sistema de alcantarillado del mundo. Cuando hace tiempo que no llueve, en algunos lugares es imposible respirar. Una cosa buena: el olor a mimosas de principios de febrero, algo que  siempre asocio con Barcelona.
B.S. ¿Un lugar especial para el tacto?
I.C. La Plaça del Rei. Me encanta tocar las paredes de la muralla y pensar que en el siglo XII había gente que se sentaba allí y las tocaba. 
B.S. Cuando viene a visitarle alguien, ¿qué le enseña de la ciudad?
I.C. Primero le llevo a Santa Maria del Mar. Después, nos sentamos en La Vinya del Senyor a mirar la basílica mientras tomamos dos copas de champán y secallona (embutido catalán). Allí la tienen estupenda. Luego vamos a Sant Felip Neri y, desde la terraza del Hotel Neri, contemplamos la plaza mientras explico su historia. Y después
vamos por la Rambla, por la calle Robadors, para ver los pedazos que quedan de la Barcelona antigua. Más tarde subimos a Gràcia y vamos de peregrinación por todas las plazas del barrio. En cada plaza tomamos algo, así que terminamos con una cogorza bastante impresionante. — 
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