BookStyle | Guía de lujo en Barcelona y Madrid
       

Érase una vez la publicidad...

Noviembre 2013 | ¿Ya conocías a...? | Barcelona - Madrid

Sergio Rodríguez, escritor, conferenciante y publicitario, nos narra la historia de la publicidad en España, desde la primera cartelería hasta los premios internacionales actuales.
Érase una vez la Publicidad...
historia de la publicidad
desde los primeros carteles
la publicidad tiene su origen hace apenas un siglo y medio, en torno a 1850,
las marcas están a nuestro lado desde que llegamos a este mundo,
la prensa,principal medio de comunicación del momento, buscó una fuente de financiación independiente de los políticos
El famoso calvo de la lotería
Hay tres cosas en la vida de las que el ser humano no puede escapar: la muerte, los impuestos y la publicidad. ¡La publicidad! O la propaganda, como se decía hasta hace poco. Nuestro publicitario más internacional, Luis Bassat, la describe como “el arte de convencer”. Hoy es una compañera inseparable. De hecho, las marcas están a nuestro lado desde que llegamos a este mundo, puesto que hasta el nombre del hospital donde nacemos ya es en realidad una marca frente al resto de la “oferta sanitaria” de la ciudad natal. Pero, aunque a veces nos pudiera parecer que lleva con nosotros toda la vida, la publicidad tiene su origen
hace apenas un siglo y medio, en torno a 1850, cuando se asientan las consecuencias, principalmente económicas y sociales, que habían traído tanto la Revolución Industrial como la Revolución Francesa.
Comienza así a desaparecer la venta a granel a favor de unas marcas primerizas, que perciben que la competencia empieza a ser una variable permanente del mercado ante la cual no basta con ser identificada por los compradores, sino también diferenciada de otros productos similares. Con Estados Unidos e Inglaterra como principales testigos del nacimiento de la publicidad, surgen así verdaderos referentes como Colgate (1806), Goodyear (1844), Campbell’s (1869), Levi’s Strauss (1873), Quaker Oats (1878), Ivory (1878), Kellogg’s (1884) o Coca-Cola (1886).
Paralelamente al surgimiento de las marcas y a la necesidad de anunciarse debido al naciente capitalismo y producción en masa, la prensa, principal medio de comunicación del momento, busca una fuente de financiación independiente y estable que la aleje de intereses políticos y particulares que la tiñen de una permanente manipulación informativa. Con ello, surge un tipo de intermediario que compra espacios en los periódicos para venderlos posteriormente a todo aquel particular o empresa que se quiera anunciar en los mismos. Es el embrión de las primeras agencias de publicidad, las cuales incorporan poco a poco nuevos servicios que complementan la mera intermediación de espacios, tales como la creación de los anuncios o la investigación de mercados. 
A pesar de todo, los inicios son duros. Durante décadas, la profesión tiene que aguantar el pestilente olor a azufre que le achacan muchos debido al flaco favor que le hace, entre otros, el aluvión de anuncios de productos milagrosos, así como la palabrería de advenedizos que bajo el paraguas de “publicitarios”, no pasan de meros charlatanes. Por otro lado, las propias empresas recelan de la nueva técnica que irrumpe en la economía del momento.
Para dejar atrás este lastre, la publicidad necesita profesionalizarse, algo que comienza a darse en España en los años 30, cuando se empieza a entender su necesidad tanto por parte del vendedor como del comprador, gracias a los primeros cursos y libros sobre publicidad, los incipientes profesionales técnicos y sus agencias, el origen del asociacionismo profesional y el nacimiento de un nuevo concepto de hacer publicidad reconocido como Publicidad
Moderna. En todos ellos, es clave la figura del pionero de la publicidad técnica en nuestro país, el catalán Pedro Prat Gaballí.
Algunas marcas ya habían asimilado todo esto a la perfección, como es el caso del principal anunciante del país, Perfumería Gal, que inunda la prensa nacional con sus anuncios de Petróleo Gal, Heno de Pravia o pasta de dientes Dens. Aún así, décadas atrás España, se convierte en un verdadero referente a nivel europeo, gracias a una cartelería publicitaria que surge de la mano de artistas como Ramón Casas, Alexandre de Riquer o Miquel Utrillo,
los cuales llegan a codearse con los verdaderos maestros mundiales, franceses casi todos, tales como Tolouse-Lautrec, Alphonse Mucha o Jules Cheret. De estos artistas españoles, quedan en la memoria los reconocidos carteles para Anís del Mono o Condorníu, entre otros.
La Guerra Civil resulta también desastrosa para un sector que tiene que volver a reinventarse. Apenas hay qué anunciar, puesto que no había qué fabricar, entre otras razones, por la autarquía implantada por la dictadura franquista. Mientras tanto, la radio, que había llegado al país a mediados de los años 20, da sus primeros pasos comerciales a través de unos anuncios en directo, así como de las radionovelas patrocinadas por marcas como Cola-Cao, que en 1955 pone en antena su histórica “canción del negrito”, para patrocinar el serial “Matilde, Perico y Periquín”.
Poco a poco, el país se abre al exterior y nuestra economía muestra gestos de vitalidad. Las ollas, lavadoras y frigoríficos se convierten en los productos más deseados -con permiso del popular Seat 600-, hasta que a finales de
los 50 llega el televisor a los hogares más pudientes, transformándose este tótem en un miembro más de la familia, a través del cual la publicidad audiovisual, poco a poco, empieza a aparecer; un tipo de publicidad basada principalmente en los dibujos animados creados por un tándem de empresas que cambia el curso de la historia publicitaria de nuestro país, los Estudios Moro y Movierecord, las cuales nos llevan a ser auténticos referentes mundiales hasta casi acabar la década de los 60. De esta “factoría creativa”, surgiría la versión animada del “negrito de Cola Cao”, la familia Telerín y su “vamos a la cama” o incluso mascotas como la Ruperta, Botilde o el Chollo, para el concurso de televisión “Un, dos, tres”.
Los años 70, con la ansiada democracia instalada en el país, la publicidad se enfrenta a un “producto” que llevaba décadas sin vender: el candidato político. Comienza además una publicidad más atrevida y libre, surgiendo mitos
eróticos como “la rubia de Fa”, si bien otra rubia, la de Terry, se le adelantó algunos años.
También en este tiempo surgen campañas como la de “Vuelve a casa por Navidad”, las muñecas de Famosa o “el hombre de la tónica”. Al poco tiempo, en los años 80, España se integra definitivamente en Europa y su publicidad
vive la mejor década de toda la historia, situándose como potencia creativa de primer nivel junto a Estados Unidos e Inglaterra.  
Son así, años en los que nos llegan Rodolfo Langostino; “Leche, cacao, avellanas y azúcar, Nocilla”; “Si bebes, no conduzcas” y cómo no, uno de los eslóganes más recordados: “Busque, compare y, si encuentra algo mejor,
¡cómprelo!”.
Las dos décadas siguientes –con Cuerpos Danone, el primo de Zumosol y “póntelo, pónselo” de por medio- traen consigo la globalización mundial al mismo tiempo que el mercado local se segmenta aún más. Los expertos recomiendan “pensar en global pero actuar en local”. Y la variable que ha provocado todo esto es sin lugar a dudas Internet.
La publicidad, con constantes alardes tecnológicos, comienza a enfrentarse a un nuevo escenario, el digital, donde marcas y compradores confluyen en él, hoy en día, de forma natural. Se persigue una publicidad más emocional, surgiendo campañas memorables como la de “¿Te gusta conducir?”, de BMW, entre otras. En la actualidad,
la publicidad se encuentra en el momento más crucial de toda su historia. Internet se mueve de forma tan vertiginosa que incluso las marcas y sus clientes van en muchas ocasiones más rápido que las propias agencias, la cuales se
enfrentan, entre otras muchas razones, a una verdadera crisis de identidad.
Por otro lado, jamás el consumidor ha tenido tanto poder como ahora, sobre todo debido a la incursión de Internet en nuestras vidas, permitiéndole decidir cuándo y cómo ver publicidad así como participar en ella y conversar con las
marcas, directamente, a través de las redes sociales. 
Son las nuevas reglas del juego, las cuales siguen demandando lo mismo que al principio de todo: creatividad, sin lugar a dudas, el alma de la publicidad, porque la máxima de “quien no se anuncia, no vende”, ha evolucionado a
“quien no se anuncia de forma diferente, no vende”. La creatividad se ha vuelto más necesaria que nunca. Así es la publicidad.— 
 

lahistoriadelapublicidad.com


 

AÑADIR COMENTARIO

0Comentarios