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Chema Madoz. El fotógrafo de lo invisible

Junio 2013 | ¿Ya conocías a...? | Barcelona - Madrid

“La belleza de mis imágenes procede de su simplicidad” Entrevista exclusiva con el genial fotógrafo madrileño.
  • Exposición en La Pedrera hasta el 28 de julio
  • Retrospectiva en La Pedrera, Barcelona
  • Chema Madoz, poesía visual
  •  sus imágenes se caracterizan por un sutil juego de paradojas

B.S. Necesito poner un titular y no me ha quedado claro qué es usted. ¿Se considera un fotógrafo?
c.m. Siempre me he definido como fotógrafo, porque es la solución más sencilla, inmediata y evidente: buscar otro término que defina lo que hago siempre me ha resultado demasiado complicado. Toda mi cultura visual viene de la fotografía; todas mis imágenes son imágenes fotográficas. La ventaja que tiene la fotografía es que se puede utilizar de mil maneras distintas, por lo que hay muchísimos trabajos fotográficos con los que el mío no tiene ningún tipo de relación, pero no por ello deja de estar inscrito dentro de la propia fotografía.

B.S. ¿Por qué escogió la fotografía como forma de expresión?
c.m. Por carambola. Cayó una cámara en mis manos, pero antes no me había planteado hacer nada que tuviera que ver ni con la fotografía, ni con el arte, ni nada directamente relacionado con la imagen. Fue un descubrimiento que surgió al realizar las primeras imágenes con la primera cámara y caer en la cuenta de las posibilidades que ofrecía la fotografía para jugar, fabular, contar, manipular...

B.S. ¿Qué historias hay detrás de sus fotografías?
c.m. No intento pasar a imágenes textos que haya leído con anterioridad. Sí que es evidente que hay una serie de poemas, de libros y de escritores que me han ido influyendo, pero en la misma medida que cualquier otra actividad, como la música o el cine. Al final vas encontrando esos directores y artistas con los que sientes más afinidad, o que te
tocan un poco más de cerca, y éstos te van abriendo puertas a otros escritores, a otros artistas. En literatura, por ejemplo, creo que no iremos muy desencaminados si establecemos una relación con las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Tienen esa impronta visual, un cierto sentido del humor... Sin embargo, mi fotografía también puede tener cierta relación con los haikus: son imágenes más abiertas, pero tienen también un hálito más poético.

B.S. ¿Cuál es el objetivo de sus fotos?
c.m. La verdad es que no me planteo qué respuesta va a haber en el espectador. Busco imágenes con las que me sienta conmovido, tocado, que note que me está aportando algo distinto, de lo que no era consciente: una imagen ante
la que me plante y con la que sienta que puedo establecer un ejercicio de comunicación. Si a mí me consigue transmitir algo, confío en que pueda haber alguna otra persona a la que le pueda pasar lo mismo.

B.S. ¿No hay una influencia del estado emocional del momento?
c.m. No es que intente dejar patente cuál es mi estado de ánimo. Supongo que es algo que te influye y acaba reflejado, pero el intento es algo más sencillo, más humilde: quiero encontrarme ante una imagen que me conmueva y que me
sirva como punto de reflexión, de apoyo.

B.S. ¿Cómo es su proceso creativo? ¿Hay una cierta iluminación?
c.m. Conviven procesos muy diferentes. Sí que hay algún momento en el que puede darse una iluminación, o más bien un tropezón con un objeto, una situación, una disposición concreta de los elementos, que hace que te encuentres con esa imagen. Hay una especie de hallazgo. En otras ocasiones, puede ser que el tema venga dado por un encargo, como hacer unas fotos para ilustrar textos sobre, por ejemplo, la familia. Lo que hago es buscar un elemento que lleve implícito ese concepto, como un pan (es algo que se comparte, que se toma en familia). Después me fijo en ese elemento o en esos elementos y a partir de ahí elaboro una imagen que tenga un cierto sentido o que abra las posibilidades de entender ese concepto desde una perspectiva diferente. Y, por último, hay otro tipo de imágenes que lo
que hacen es expresar sensaciones o emociones que he podido tener en algún momento concreto. Es decir, son procesos muy diferentes según los casos. El hecho de no saber muy bien cómo es todo ese proceso es lo que me invita a seguir insistiendo en ello, ya que, si lo conociera, creo que perdería parte del atractivo, del misterio: sería una especie de fórmula, de la aplicación de una serie de pasos para llegar a un resultado.

B.S. Esta falta de método le aleja del aburrimiento, pero también le obliga a permanecer alerta.
c.m. Totalmente. No salgo con la cámara, pero desde que me levanto hasta que me acuesto, estoy en esa especie de tensión: siempre miro con detalle cada superficie, cada rinconcito, intentando encontrar algo con lo que poder trabajar, algo que poder desarrollar.

B.S. ¿Por qué esa renuncia a la figura humana?
c.m. Al principio parecía que lo más inmediato era fotografiar un paisaje o unas personas, y me empecé a centrar en las personas, pero luego caí en la cuenta de que en realidad ya tenía en la cabeza lo que quería que hiciesen. Es decir, una postura muy concreta, con un ángulo muy determinado: todo el trabajo estaba inmerso en un proceso de eliminación de lo accesorio. Y las personas desaparecieron como parte de ese proceso. Me empecé a centrar en el objeto sabiendo muy poco qué es lo que podría contar a través de ellos, por lo que comencé a investigar sobre él: no me interesaba mucho la idea del bodegón y de la naturaleza muerta. A veces utilizo alguna cosa de ellos, pero son guiños, pequeños recursos que tanto el espectador como yo mismo tengo asumidos.

B.S. Le da vida a esta naturaleza muerta. La lleva al otro lado del espejo.
c.m. Sí, supongo que algo de eso hay. No es que sean perspectivas ni miradas inéditas, pero sí sé que provoco una reacción, una sonrisa. Son objetos muy comunes, el espectador los reconoce y descubre esa posibilidad diferente que
se propone a través de la imagen. Encuentra lo inédito en lo común, por lo que se esboza una sonrisa de complicidad, de haber entendido cuál es el juego.

B.S. ¿Por qué el blanco y negro?
c.m. El blanco y negro es la paleta más corta. Con el tipo de imágenes que hago, estableciendo vínculos entre unos elementos y otros, lo reduzco todo a un contraste, un volumen y una textura. Se facilita mucho más el trabajo en la medida en que lleva objetos muy dispares a un mismo plano, como uniformizándolos, introduciéndolos en un mismo territorio. Además, con el blanco y negro se produce una cierta distancia con la realidad. Y el blanco y negro es más atemporal: si vemos una fotografía en color, rápidamente la situamos en una década por el tipo de color que tiene, mientras que una en blanco y negro puede estar situada en un momento que oscila entre los inicios de la fotografía hasta ahora. Tiene una mayor ambigüedad.

B.S. Juega también mucho con las sombras y la luz.
c.m. Sí, claro, es especialmente importante para mí: mis imágenes son muy artificiales en la medida en que todo lo que aparece está manipulado, y la luz es siempre natural en un intento de compensar que no todo sea artificio. Las iluminaciones están muy meditadas para conseguir ese punto de luz y de contraste en el que más se pueda mejorar la fotografía.

B.S. ¿No utiliza técnicas digitales?
c.m. Sigo trabajando con fotografía analógica. Sí que me interesa la digital, pero no sé utilizarla muy bien. Creo que son dos universos distintos. Me interesa trabajar con el objeto y encontrar ese punto en el que la realidad falla dentro de su propio territorio, dentro de la misma realidad. El hecho de trabajar con un objeto manualmente, montarlo, prepararlo, y
ver que funciona tiene un atractivo añadido. Si todas esas manipulaciones fueran digitales, el trabajo estaría en un territorio completamente distinto.

B.S. ¿Qué hace después con los objetos que fotografía?
c.m. Los tengo por el estudio, pero muy pocas veces se mantienen como aparecen en las fotografías, ya que suelen ser reuniones de elementos. Son objetos tan comunes, que ni los conservo, ni los pongo en una vitrina como una obra acabada. Aquellos que requieren otro tipo de elaboración sí los conservo, aunque suelen ser muy pocos. Que yo recuerde, sólo se han expuesto mis objetos en dos ocasiones, y en una lo que queríamos mostrar era el proceso de la
propia fotografía, la relación entre elementos distantes o en universos diferentes y la creación de nuevas relaciones.

B.S. Que el resultado sea bello, ¿es algo que busca o es accidental?
c.m. La belleza viene de la propia sencillez de las imágenes, de su austeridad. La simplicidad y la sencillez aportan belleza a las imágenes. No hay un intento de embellecer artificialmente las imágenes. Son imágenes en las que hay
una cierta sensación de desnudez: hay muy pocos elementos y esta desnudez, esta belleza, se acaba transmitiendo a la fotografía, pero no es algo que persiga.

B.S. ¿Qué lugares le gustan más de Madrid?
c.m. Al final vuelvo a sitios muy comunes, a los museos más conocidos o a determinadas galerías a echar un vistazo. Me gusta la calle Pez, el barrio de Malasaña... puntos de encuentro, o de reunión, donde comer o tomar algo en cualquier terraza o en casa de un amigo. Me gusta mucho el restaurante Clarita.

B.S. ¿Un lugar inspirador?
c.m. Voy al Rastro, porque siempre me han atraído los mercadillos, los sitios donde puedes encontrar todo tipo de trastos, de objetos. Es un lugar que visito con cierta frecuencia, buscando cosas en concreto o por dar una vuelta, un paseo, y ver con qué te tropiezas. Aunque siempre que voy a buscar algo concreto, nunca lo encuentro. —
 

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