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Alberto Campo Baeza: la sobriedad es imprescindible para ser feliz

Marzo 2015 | ¿Ya conocías a...? | Barcelona - Madrid

Predica que la luz es el material más lujoso con el que trabajan los arquitectos y eso se nota en su multipremiada obra. Lee poesía a sus alumnos y les insta escribir para depurar las ideas y lograr una arquitectura con sentido.
  • Casa del infinito, Cádiz. Vista hacia el exterior. © Javier Callejas
  • Casa Olnick Spanu, New York. Vista exterior. ©Javier Callejas
  • Oficina para la Junta de Castilla y León, Zamora. @Javier Callejas
  • Guardería para Benetton, Ponzano Veneto (Italia). ©Isao Suzuki
  • Casa Olnick Spanu, New York. @Javier Callejas
  • Casa del Infinito, Cádiz. Vista hacia el exterior. @Javier Callejas

En 2014 fue elegido miembro internacional del Royal Institute of British Architects y Académico de Número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Un año antes recibió el Arnold W. Brunner Memorial Prize de la American Academy of Arts and Letters, la medalla de oro de la Tessenow Society, y el International Award Architecture in Stone de Verona. También ha sido nominado al premio Mies van der Rohe. Con esa cantidad de reconocimientos podría sorprender que tenga menos de 40 obras construidas en casi la misma cantidad de años de profesión, pero es que, a su juicio, un buen arquitecto no puede tener mil proyectos construidos. Shakespeare sólo escribió 37 obras de teatro.

B.S. Viendo su obra, da la sensación de que sus edificios nos obligan a hacernos preguntas sobre nosotros mismos. Como si no hubiera posibilidad de esconderse. Son, tal como se ha dicho en algunos artículos, muy intensas...
A.C. Cualquier creación que merezca la pena nos hace preguntas. Un cuadro de Marc Rothko o una composición de Arvo Part nos hacen preguntarnos muchas cosas. Hago mis casas para que la gente que vive en ellas sea feliz. Pero la felicidad no es algo tonto, sino algo muy profundo que muchas veces es la respuesta a esas preguntas. Claro que mis obras son intensas. Son el resultado de un tiempo dilatado para intentar conseguir poner en pie ideas claras. Mis obras dan libertad. Mis casas permiten vivir en ellas de mil maneras, son casi un canto a la libertad.

B.S. En sus palabras, un buen arquitecto debe tener “sentido de la luz, el saber ponerla allí de una forma determinada, o por hablar con mayor propiedad, el poner la arquitectura ante la luz de tal manera que aquella casa, o aquel edificio de oficinas, o aquella ciudad, se llenen de la belleza que aparece cuando la arquitectura se templa adecuadamente con la luz”. Y habla de grandes maestros que han usado tablas de luz para concebir los proyectos arquitectónicos. ¿Ha pensado en crear las suyas?
A.C. No me cansaré de insistir en que la luz es el material más lujoso con el que trabajamos los arquitectos, y que a veces no lo valoramos porque se nos da gratuitamente. Cuando la luz atraviesa un espacio construido, si esa arquitectura merece la pena, lo tensa y hace que allí pase algo inefable. Como cuando el aire atraviesa el instrumento musical y se produce el milagro de la música. La música es aire y la arquitectura es luz. Lo de las tablas de la luz, como las tablas para calcular estructuras, fue algo que me inventé para explicar que la luz es cuantifi cable y controlable. Algunos se molestaron. Ahora hay programas informáticos que hacen ese trabajo con enorme precisión. La luz es tema central de la arquitectura. La luz construye el tiempo de la misma manera que la gravedad construye el espacio.

B.S. Después de leer su libro para niños “Quiero ser arquitecto” dan ganas de regalarlo a todos los pequeños que conocemos. Hace una defensa tan bonita de la profesión que da envidia que no haya un libro así para el periodismo, la medicina, o las leyes...
A.C. Para alguien que está en la enseñanza y piensa que ser arquitecto es la profesión más bonita del mundo, era un regalo el que le encargaran un libro para los niños hablándoles de ser arquitecto. Lo escribí, pensando en los niños, más con el corazón que con la cabeza. Allí cito ese poema maravilloso de William Blake “To see a world in a grain of sand, and a heaven in a wild flower” (“Para ver un mundo en un grano de arena y el cielo en una fl or silvestre”) que leo a mis alumnos todos los años en mi primera clase. Creo que resume muy bien mis ideas y mis intenciones docentes. Ser arquitecto es eso, ver un mundo en un grano de arena.

B.S. Tanto en “Quiero ser arquitecto” como en algunas de sus entrevistas, propone lecturas a sus estudiantes, y la mayor parte se trata de literatura o poesía. Plantea al arquitecto como un hombre del Renacimiento, que debe saber prácticamente de todo. Como profesor ¿cree que el sistema educativo fomenta esa curiosidad de conocimiento universal o que insta al alumno a enfocarse e hiperespecializarse en un tema?
A.C. Somos afortunados de estar viviendo en este ya tercer milenio y con los medios de comunicación que hacen que tengamos toda la información a nuestro alcance. ¿Cómo podríamos no estar interesados en los temas que están fuera del ámbito de nuestra profesión? No concibo a ningún arquitecto, ni a ningún creador, que no esté más que interesado en ese conocimiento universal. Y más en la educación. Y si en los programas de una carrera como es la de arquitectura no figuran materias de humanidades, habrá que estudiar por libre. En mis clases hablo tanto de mecanismos proyectuales como de poesía o de filosofía. Que la belleza es el esplendor de la verdad lo decía Platón y lo repetía San Agustín, que eran filósofos.

B.S. Recomienda a sus estudiantes no sólo leer, sino también pensar y escribir, llevar un cuaderno de notas para anotarlo todo; traducir las ideas, ir depurándolas para luego construirlas. Conseguir la idea construida. Ha dicho que en España se construye más por ocurrencias que por ideas...
A.C. ¿Cómo podría no recomendar a mis estudiantes el que lean y escriban y piensen y disfruten con la actividad intelectual? Es lo que yo hago y estoy feliz. El problema de la construcción de monstruos no sólo se da en nuestro país. Se están poniendo en pie, gracias a la tecnología que los hace posibles, una gran cantidad de edifi cios monstruosos, fruto del capricho y de la superfi cialidad de algunos arquitectos que, además de costar una fortuna, se acaba no sabiendo qué hacer con ellos. Y esta sociedad nuestra, con los medios de comunicación a la cabeza, piensa que ésta es la nueva arquitectura y se arrodilla ante ellos como si de una nueva religión se tratara. Goethe reclamaba a los pintores que mojaran sus pinceles en el bote de la razón. Más que para los pintores, yo exigiría esta razón a los arquitectos. La razón es el primero y principal instrumento de la arquitectura.

B.S. Establecer el plano horizontal del suelo a la altura de los ojos, provocar que la luz atraviese un espacio de determinada manera... parece, a veces, que la arquitectura está hecha para ser entendida y disfrutada por arquitectos, pero luego resulta que el día que se inaugura la nueva sede de Caja Granada a un empleado se le saltan las lágrimas. ¿Es entonces cuando siente que se ha entendido su idea construida?
A.C. Te repito que yo hago mis edificios para que la gente viva feliz en ellos. No sólo para los arquitectos. Vitruvio, el arquitecto romano, nos proponía el conseguir la Venustas, la belleza, tras dar cumplimiento a la Utilitas, la función y a la Firmitas, la buena construcción. Muy claro y muy sencillo.

B.S. Utilitas, firmitas y venustas... idea y estructura; gravedad y luz; belleza... ¡y al final Halle Berry! ¿Una explicación para neófitos, por favor?
A.C. La explicación es muy sencilla. Cuando hablo a mis alumnos de que Halle Berry está muy bien, que lo está, antes de tener un cuerpo estupendo, que lo tiene, posee un esqueleto perfecto, una estructura perfecta. Y les digo que la estructura, en cualquier edificio, además de transmitir las cargas a la tierra, establece el orden del espacio. Claro que la estructura, el esqueleto de Halle Berry establece el orden de ese cuerpo, ¡y bien que lo establece!

B.S. Si alguien le pide que mencione a los mejores arquitectos españoles, ¿quién estaría en su lista?
A.C. No me gusta hacer listas. Además, cuando haces una lista, los que están dentro ni se enteran ni lo agradecen, pero si te olvidas de alguno se entera enseguida y se enfada. Pero sí puedo hablar de mis maestros: Sota, Oiza, Fisac, Carvajal o Cano Lasso, que eran maravillosos y generosos.

B.S. Socializar el suelo, dejar el coche y vivir sobriamente. Tres planteamientos que pueden tomarse como radicales para según quién...
A.C. Cuando tantas veces he hecho esta triple propuesta, me han tildado de todo, hasta de comunista. El suelo no puede haberse convertido en el principal material de la especulación. Los coches son estupendos en dosis adecuadas, no como ahora. La sobriedad es imprescindible para ser feliz.—
 

Entrevista a Alberto Campo Baeza

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