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La hora del vermut

Agosto 2019 | Tendencias | Gastronomía | Barcelona

En España se come tarde. ¿Por qué? Porque, dejando a un lado el horario laboral, de 12 a 14 horas es el momento ideal para disfrutar de un vermut en buena compañía.
The Top Vermut, Campari.
Vermut | © Pixabay
Interior Bodega 1900 | © Moises Torne
La Vermuteria del Tano | © @garciaaurin
La Vermuteria del Tano | © @garciaaurin

Si el vino es uno de los productos estrella de la marca España, el vermut no se queda atrás. Se trata de un vino enriquecido, macerado y más amargo que da paso en función de su color y sabor a los dos tipos de vermut más conocidos: el blanco, más seco y con mayor graduación alcohólica -el producto estrella del conocidísimo cóctel Dry Martini-, y el rojo, más dulce. Para su elaboración, se mezclan extractos de hierbas, raíces, flores, especies y frutas con alcohol y, tras dos semanas, se añade vino, azúcar y se deja reposar.

Pese a que ir a tomar el vermut siempre ha sido una costumbre muy arraigada en la sociedad española, en los últimos años se ha puesto más de moda por el regreso de la cultura vintage. Bodegas auténticas, con enormes barriles y decoración de antaño que elaboran su propio brebaje son las que verdaderamente triunfan a la hora del aperitivo. Y es que servido muy frío, solo o con soda, y acompañado siempre de una o dos olivas, combina a la perfección con cualquier tapa.

Una de las bodegas icónicas de Barcelona es ‘El Tano’. Ubicada en Gràcia, a día de hoy es considerada la mejor vermutería de la ciudad. Y eso no lo deciden solamente los parroquianos que desde hace años llenan el local para saborear el Perucchi -el vermut de la casa- y las excelentes conservas de calidad que ofrecen aliñadas con su salsa casera, sino también al premio que le otorgaron hace un año y que certifica que estamos hablando de la mejor vermutería de la ciudad.

Siguiendo con un recorrido por las bodegas emblemáticas de Barcelona, nos encontramos con el ‘Quimet i Quimet’ de la calle Poeta Cabanyes, la bodega más conocida de toda la ciudad gracias a su vermut de grifo, a su cerveza de elaboración propia y a sus populares tapas, además de a la decoración de la bodega digna de aparecer en cualquier muro de Instagram. También existe otra bodega llamada ‘Quimet’ en el barrio de Horta, una de las zonas más agradables y menos concurridas de Barcelona. Abierta en 1927, ofrece una extensa carta de tapas centrada principalmente en la variedad de tortillas.

Otro de los grandes conocidos es el bar ‘Electricitat’. Situado en el barrio marinero de la Barceloneta, y consagrado como uno de los clásicos de Barcelona, alberga en su interior largas mesas en las que los comensales comparten espacio. Allí se puede disfrutar de un buen vermut casero que acompaña a la perfección a sus populares tapas como las bombas o la tortilla de patatas. Si además coincide que alguno de los populares grupos callejeros de rumba catalana entra a amenizar la velada, la fiesta está asegurada.

Pero si lo que se pretende es vivir una experiencia gourmet, la ‘Bodega 1900’ de Albert Adrià ofrece todos los ingredientes necesarios para romper con la tradición vermutera sin desviarse del camino de la tradición. Este proyecto se basa en elaborar recetas de toda la vida, como homenaje a las tradicionales casas de comidas, pero desde una perspectiva actual y ofreciendo su propio vermut. Salazones, guisos, conservas, escabeches, cocina al carbón y producto del día son los grandes aliados del hermano de Ferran Adrià que ha sido capaz de reinventar la hora del vermut para llevarla a otro nivel.
 

Joyas de la cocina española
Algunas de las pequeñas joyas de la cocina española se encuentran encerradas en latas de conservas. Lo que empezó como un método para conservar alimentos que los soldados llevaban al frente se ha convertido con el paso del tiempo en una experiencia gourmet: berberechos, mejillones o anchoas son algunos de los ejemplos de delicias enlatadas que colman tiendas especializadas y cuya tendencia ha sido convertirse en imprescindibles en cualquier bodega que se precie. Tanto es así que chefs de renombre las han incorporado a sus menús e incluso algunos como Albert Adrià han desarrollado su propia marca.
 

 

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